HISTORIA

Documental indaga sobre las piedras de Tandil: ¿Son parte de un antiguo monumento megalítico?

23/06/2022

El documental que se estrena en el Complejo Gaumont INCAA, indaga en uno de los grandes misterios argentinos. Aquí su director, Felipe Restrepo, cuenta detalles del rodaje e intenta brindar alguna certeza sobre el particular paisaje que rodea a la ciudad bonaerense

(Por Noelia Gómez - Infobae)

En las Sierras de Tandilia existe un magnetismo que es imposible ignorar. El documental La otra parte, del director colombiano Felipe Restrepo indaga el sistema de conexiones que se teje entre los distintos elementos líticos que conforman un paisaje ritual y trata de mostrar si pueden existir construcciones megalíticas relacionadas con los astros o si la ubicación de las piedras es simplemente casualidad de la naturaleza.

Restrepo y su amigo, el investigador Dino Mendy, retomaran algunas teorías que trazaron diferentes estudios científicos. Uno de ellos es el realizado en 1915 por Alejandro Sorondo, que en aquel entonces era Presidente del Instituto Geográfico Argentino. Él postuló que La Piedra Movediza, típico paisaje histórico de Tandil, había sido parte central de un monumento megalítico construido por una civilización antigua para practicar rituales en adoración al Sol. Sorondo comparaba la distribución de las piedras que se encontraban alrededor de la misma con otras construcciones megalíticas europeas en las que también existía la misma distribución.

El documental reflexiona sobre los enigmas que encierran el paisaje de la Tandilia y lo relacionar y compara con otras construcciones megalíticas repartidas por el mundo. Además, plantea la posibilidad de que esas piedras tengan un origen astronómico vinculado con antiguos pobladores de La Pampa. Busca fomentar la preservación y conservación de ese paisaje y darle nuevamente el valor que los antiguos habitantes le dieron a la Tandilla y a sus gigantes piedras.

Infobae Cultura conversó con el director del film, que llegará a la pantalla grande de la Ciudad de Buenos Aires, el próximo jueves 23 de junio en las salas de cine Gaumont.

- ¿Cuándo nace tu relación con la ciudad de Tandil?

- Estudié audiovisual allá en la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires. Estuve los cuatro años que duró la carrera. Llegué desde Colombia directo a Tandil. No tenía información de la ciudad, solo recordaba haber visto fotos de la famosa piedra en algún libro pero nunca lo relacioné con la Argentina y mucho menos con Tandil. Fueron años muy lindos donde conocí gente fantástica y descubrí la increíble geografía de sierras y vientos que crea algo medio mágico, muy especial. Al terminar la carrera, me mudé a Buenos Aires y años después me visitó mi amigo Dino Mendy, que es de allá y es el que me insertó en este mundo. Me contó que había encontrado material sobre las alineaciones de las piedras y cómo estaba relacionado con lugares similares en otras partes del mundo. Lo primero que pensé es que ahí había una historia, una película. Mi idea fue trasladar esas historias que me contaban, que poco me interesaban comprobar si eran ciertas o no, para poder resignificar ese paisaje.

-¿Cómo fue la producción?

- Empezamos a investigar, buscamos información y usamos mucho material audiovisual que Dino tenía de viajes que había realizado por Sudamérica. Organizamos la narrativa para darle valor a ese paisaje serrano y a esos mitos y leyendas que hay alrededor de las piedras. Fue mi manera de seguir vinculado con Tandil y recuperar algo de lo que había perdido al venir a Buenos Aires. También, fue recuperar vínculos con amigos y compañeros que me acompañaron en mi carrera. Uno de mis objetivos era que el equipo de producción esté integrado con gente de allá. La hoja de ruta la tenía Dino. Él me planteó un esquema acerca de las personas que teníamos que entrevistar o los lugares que debíamos visitar. Durante un año y medio, fui reordenando la información que teníamos y armando un guion para que no se abriera mucho ese universo que queríamos construir ya que todo el tiempo aparecían cosas nuevas. En ese momento, surgió la idea de ponerme en primera persona a narrar el documental ya que yo había vivido esas experiencia de estar en contacto con esa atmósfera. Soy fanático de las películas de Werner Herzog y me gustaba su idea de introducirse en universos desconocidos. Armamos un recorrido donde volvía a adentrarme en esos paisajes y Dino oficiaba como una especie de guía o gurú. Lo que pretendímos con la película no era como instalar un nuevo paradigma sino, al contrario, abrir para que se siga dialogando alrededor de Tandil, las piedras y sobre otras cosas que nos preguntamos como seres humanos.

- ¿Descubriste nuevas ideas con la investigación o realizando las entrevistas?

- Me dejé sorprender con los elementos que nos contaban los entrevistados desde lo histórico hasta lo geológico. Fuimos rompiendo con esa idea tan científica o positivista de pensar que tiene que haber un método, una dirección o una estructura metodológica para llegar a la verdad. Hay otros eventos que son importantes de analizar para poder ampliar el conocimiento y entender que no es uno, sino hay múltiples conocimientos. El puntapié inicial lo dio un artículo que encontró Dino del geólogo Sorondo que planteaba la relación entre las piedras de Tandil con otras que encontraban en Europa. Se trataba de un estudio que estaba olvidado, que no se encontraba fácilmente y quisimos ponerlo otra vez en evidencia. Dino fue el encargado de armar una especie de paper y me dio la libertad para ir desplegando ideas para ponerlas al servicio de la pieza audiovisual. Es un trabajo que aún no ha terminado porque seguimos enviándonos información que encontramos o que él suma de sus viajes a las sierras. Creemos que el documental es un escalón de muchas otros eventos que seguramente irán apareciendo con el tiempo. Cuando estrenamos la película en Tandil venían físicos, matemáticos, geólogos o historiadores, vinculados con el CONICET, que nos querían pasar investigaciones o contarnos que hay otras piedras en otras lugares, creando relaciones transversales a la película.

-¿Qué elementos buscaste para transformar esta investigación en algo audiovisual?

- Me interesaba crear climas para que el espectador se sumergiera en ese espacio, sintiera el lugar y que se creara una conexión. Para lograrlo, fue muy importante el trabajo de la música y lo sonoro en la película. Quería que el espectador básicamente cuando viera la película sintiera la necesidad de ir a recorrer las sierras. Con Franco Di Saia, director de sonido, nos convertimos en una especie de arqueólogos del sonido serrano, fuimos registrando y diferenciando distintos tipo de sonidos que le iban dando capas a la película. Otro detalle, que tiene más que ver con lo narrativo, era la idea del extranjero que entra a un lugar desconocido y el valorizar el paisaje a través de la fotografía. Por otra parte, hay tres personas que trabajaron en la música. Una es Gianni Wasserman, con el que ya había trabajado en mi anterior documental Un hombre alado y entendía cuáles eran los climas que me gustaba crear. Después apareció el músico Santiago Moraes, que le propuse armar la música y creó una canción que captó la atmósfera de la película. Ese tema se transformó en el que abre y cierra el documental. Por último, se sumó Sebastián Mansilla, un músico tandilense que hace música electrónica para las sierras. Con esas tres líneas logramos crear algo muy lindo.

- ¿Qué diferencias encontrás con tu anterior trabajo a la hora de producir o filmar?

- La principal diferencia es que en este proyecto me parecía importante la cuestión de hacer una película en Tandil que incorporara gente de la ciudad y qué mejor que trabajar con los compañeros con los que me gradué. Quería que fuera un proyecto donde trabaje con profesionales con los que me había formado. Sabía que ellos tenían las capacidades para afrontar el desafío. El proyecto fue declarado de "interés cultural" por la Municipalidad de Tandil y por la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, conseguimos el apoyo de algunas empresas de la ciudad. Lo que más rescato de este trabajo fue el poder reencontrarme con una ciudad que me acompañará por siempre y con compañeros que fueron claves en mi formación. Acá hubo una cuestión más de hermandad. Fue muy emotivo que la primera vez que la presentamos fue en el Festival de Cine de Tandil donde se agotaron las entradas y tuvimos que agregar dos funciones más.

-¿Cómo fue editar todo ese material?

- Por suerte, habíamos terminado de filmar antes de comenzar la pandemia. Teníamos mucho material y fue muy difícil organizar. Para mí, fue fundamental armar una estructura jerárquica, un orden para después saber qué es lo que tengo y poder pensar mucho más claro que hacer con todo ese material. La montamos con Juan Fatur, que fue el montajista de mi anterior documental y lo hicimos muy al estilo pandemia por Zoom. Íbamos compartiendo pantalla y enviándonos cortes. Terminamos dándole un cierre cuando pudimos reunirnos. Producir de manera independiente es complicado porque los tiempos se alargan. Por esa razón, ya no me conflictuo con eso. Aprendí que a las películas no las puedo obligar a que salgan antes de lo previsto. Si tengo que dedicarle más horas, se las dedicaré. Apurar a que salgan solo va a erosionar la calidad de la película. Aprendí que el tiempo es una es una variable con la que uno tiene que jugar y ponerla a favor de uno y no pelear con ella.

- ¿Cómo ves la escena documental argentina?

- Celebro que haya muchos documentales pero creo que se tiene que abrir mucho más y darle espacio a las nuevas narrativas como el ensayo audiovisual o a narrativas que no están vinculadas con una mirada plenamente industrial. También, hay que pensar en más ventanas y no depender tanto de Gaumont. Por último y me parece que es lo más importante, hay que descentralizar bastante el tema de a quién se le da dinero, articular mecanismos para que puedan acceder cineastas que están en otros lugares de la Argentina. Para hacer una idea, en Tandil, la primera película financiada con apoyo del INCAA realizada por graduados de allá es la mía. Hay que pensar en procedimientos y estrategias para acercar la posibilidad de hacer cine a personas de otras partes del país y que no toda la producción pase por Buenos Aires, para que pueden venir otras miradas que hagan crecer la cultura argentina.

* El documental "La otra parte", de Felipe Restrepo se proyecta a las 19.30, desde el jueves 23 al miércoles 29 de junio, en la sala Fernando Birri del Complejo Gaumont INCAA (Avenida Rivadavia 1635, CABA).

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