Cultura

Mi único héroe en este lío

13/03/2016

Unas 200 mil personas vivieron a pleno el excelente recital del Indio Solari en el Hipódromo tandilense. El ex Redonditos recorrió temas de todas las épocas ante el delirio de la inmensidad de fanáticos.

(Por Brando Bruni – Foto Nicolás Procopio)

 

¿Cuánta gente hubo en el recital del Indio Solari? ¿150 mil? ¿200 mil?, quizás nunca se sepa la cifra exacta, lo cierto es que fue un record de ricoteros y se notó. La Misa India de este sábado 12 de marzo de 2016 quedará en la historia por varias razones, y la mega convocatoria es una de ellas.

Se sabe que la Misa en realidad empezó hace días en Tandil, con las bandadas de seguidores apareciendo en la ciudad. Y hoy todo se empezó a vivir desde temprano, cuando la Ruta 226 se transformó en peatonal.

El ingreso fue lento pero tranquilo. En un clima totalmente festivo, los temas de los Redondos se iban mezclando con el olor a asado de los distintos puestos ubicados en todos los alrededores del Hipódromo.

Todos adentro. Cuando ya todos estábamos apostados frente al enorme escenario, un rato antes del comienzo del show apareció sorpresivamente el propio Solari para hablarles a sus feligreses. “Anda circulando una versión de que estoy enfermo, y es verdad. Mister Parkinson me está pisando los talones, pero acá estoy”, reconoció, para después contar sobre los cambios en la banda, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, y avisar que en minutos volvería a escena.

21:30 puntual, arrancó la Misa. Nadie dudó de la elección sobre el tema que dio inicio al playlist. El clásico “Nuestro amo juega al esclavo”, que suena cada vez más actual, hizo estallar a la multitud y el cielo escuchó el estruendoso coro “violencia es mentir”.

“Pedía siempre temas en la radio”, “Porco Rex”, “Tatuaje” y el casi disco “Charro Chino”, fueron siguiendo para ir repasando la faceta solista de Solari, ante el delirio y el pogo que iba in crescendo.

Sin dudas, y está de más decirlo, la efervescencia subía cuando lo que sonaba era una tema redondo. Se notó en los siguientes “Esto es to-todo amigos”, “Gran Lady”, “Salando las heridas” y “Cruz diablo”, con explosiones que no se van a ver jamás en un recital de otra banda.

Siguieron “Ramas Desnudas” y “Ella Baila con todos”, con su ferviente coro, antes de un pequeño impasse. El Indio aprovechó el momento para agradecer a la multitud y pidió que cuiden Tandil “que es una ciudad ricotera desde hace mucho tiempo”.

La música volvió con “Todos a los botes”, y Solari, notablemente enojado, volvió a hablar para pedirle a un “gil” que deje de tirar zapatillas, ante el repudio unánime hacia el mencionado lanzador de calzados.

“El Arte del buen comer” iba a marcar uno de los puntos más altos del espectáculo, pegado a “Torito”, “Ceremonia durante la tormenta” y “A la luz de la luna”.

“Las increíbles andanzas del capitán Buscapina” sorprendió a la muchachada ricotera, mientras Walter invadía la tierra.

“Es hora de levantarse querido”, fue otro de los más vitoreados, y nos quedamos con las ganas de “Barba azul vs el amor letal”, nuevamente culpa del tirador de zapatos. El tema marcó los primeros compases, pero fue interrumpido. Una lástima.

“Luzbelito y las sirenas”, “La parabellum del buen psicópata”, retomaron la senda redondita, para seguir haciendo zigzag con su etapa solista, pues siguieron “Había una vez”, “Vino Mariani” (con su respectiva explicación), “Adieu! Bye Bye! Aufwiedersehen!” y “¿Por qué será que no me quiere Dios?”.

Ya la hora marcaba que no quedaba mucho, más allá del deseo de todos los presentes, y llegó la recta final. “Rock para los dientes” y “Flight 956”, el tema solista más cantado entre todos, dieron paso al pogo más grande del mundo. “Ahora una que sepamos todos”, dijo riéndose Solari, para estallar con el ultra clásico “Jijiji”. Está de más decir que todo se tornó un hermoso caos y Tandil tembló.

El cierre ya estaba dictado y los fuegos artificiales le ponían el broche de oro al asunto.

El Indio Solari dio un show de lujo, con casi dos horas y media de música llenando las almas de las 200 mil personas presentes. O quizás un poco más, o quizás un poco menos, ¿importa?

No solo el cantante mostró lo que sabe hacer, sino que la banda en su totalidad tuvo momentos para lucirse en el correr de los 27 temas. Ni hablar de la extraordinaria puesta en escena, tanto en luces como en sonido, que teniendo en cuenta la extensión del Hipódromo, tiene que haber dejado a todos conformes.

Terminada la Misa, empezó la Procesión, y todos de vuelta su lugar de origen, a repartirse en todas las provincias y los países vecinos, pero ahora con el alma llena y el corazón contento.

“¿Será el último?”, se preguntaban muchos a la salida. Todos esperamos que no, que la salud le permita a Carlos Solari seguir dándole rienda suelta a su carisma y talento. Y, ya que estamos, si podemos pedir algo más, solo pedimos que se vuelvan a juntar…

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